![]() |
|
En este año del centenario de “Peñas Arriba” han empezado a publicarse algunas cosas y se dirán muchas más, en particular en el seminario de especialistas que se anuncia para finales de julio. Sin ser yo experto en el tema, deseo aportar mi pequeña contribución al recuerdo con una mera reproducción de lo que sobre esta novela dice el Epistolario de Menéndez Pelayo, que, por otra parte, será una nueva muestra de las posibilidades que esta gran fuente de datos ofrece para la historia literaria. La primera noticia es del 18 de noviembre de 1892, cuando Pereda comunica a su amigo el proyecto que acaricia: «Yo ando algunos días hace metido con pocos alientos y de mala manera, en el empeño de una novela, no ya montañesa, sino montaraz, de entre lo más enriscado de la cordillera Cantábrica; pero el poco conocimiento que tengo de aquellas regiones y la consiguiente dificultad de circunstanciar sus cosas, unido a las contrariedades mecánicas que este taller me ocasiona a cada instante, son trabas que no me dejan andar al paso que yo acostumbro, ni contra la seguridad que se necesita cuando se va derechamente a alguna parte». El taller que tanto entorpecía a Pereda era su casa de Santander, donde entonces pasaba el invierno. El trabajaba mucho más a gusto y con más provecho en Polanco. El 23 del mismo mes Menéndez Pelayo le contesta cantando albricias y alude a la costumbre que Pereda tenía de leerle lo que iba escribiendo, siempre pendiente de los juicios del gran crítico: «Gran noticia la de esa novela montaraz, de la cual espero disfrutar ya algunos capítulos en las Pascuas Próximas». Pero la ciudad sigue sin estimular la inspiración del novelista, quien le dice el 20 de marzo siguiente: «Desde que te marchaste no he vuelto a poner mano en la novela; de modo que continúa como tú la dejaste. No sé trabajar aquí, ni quiero meter a barato el asunto. Veremos lo que sale este verano, si Dios me da salud, y no pierdo los buenos ánimos que tengo de continuar la interrumpida labor». El 27 de julio siguiente, ya veraneando en Santander, y por tanto más próximo a Pereda, quien quizá le ha leído algún nuevo capítulo, Menéndez Pelayo comunica la buena noticia a su amigo, el otro novelista Juan Valera: «Pereda prepara una novela de que me ha leído los primeros capítulos». Como se sabe, Pereda tuvo que interrumpir el río de su inspiración por el terrible suceso del suicidio de su hijo. Una cruz trazada por el novelista en su manuscrito indica el momento preciso. Y debió de ser el mismo fervor de la fragua creadora el que le ayudó a superar el trance, como le comunica Menéndez Pelayo a su amigo el mexicano Francisco Sosa el 26 de diciembre del año siguiente: «Nuestro Pereda ha conseguido vencer la muy terrible (aflicción) que le embargaba después de la trágica muerte de su hijo, y ha llegado a terminar una novela que imprimirá a principios de año».
La novela apareció, en efecto, en enero de 1895. Y muy poco después, Pereda recibía el juicio del inmenso crítico, que constituye todo el texto de la carta de 12 de febrero. Era el primero de todos, creo que no sólo en el tiempo, y ante él solo queda enmudecer y descubrirse: «Hace días acabé de leer, no con placer sino con asombro “Peñas Arriba”, que a mi juicio es una de las mejores cosas que se han escrito en España desde que faltan los grandes maestros del siglo XVI. No sé si es la mejor novela de su autor, pero afirmo que es, juntamente con “La Puchera”, la que va mejor a mi gusto y la que me parece escrita con una arte más fino y delicado y con un sentido moral más hondo. Son los dos libros que mejor señalaba en la rica serie de los de su autor, el dominio sereno de la realidad y de la lengua. Son también los más poéticos y los más sugestivos, los que conceden más campo a la imaginación, y los que sugieren más altos y nobles pensamientos. En uno y otro concepto “Peñas Arriba” vence a todo lo que usted había escrito antes. Es un sursum corda que habrá de resonar y está resonando ya en muchos corazones. La naturaleza está grandiosamente descrita, pero está además sentida de un modo más humano, más tierno y evangélico que en ningún otro libro de su autor. De los personajes, el médico no me gusta. Los demás son creaciones admirables, y el mismo sordo, si conserva algún resto de sentido común tendrá que reconocer que el artista ha adivinado y purificado lo más excelso de su naturaleza, y le ha dado la inmortalidad en vida. La nevada, la caza del oso, la llegada a la casona, los funerales del tío, todo, todo es de primer orden y ni el mismo Walter-Scott hizo cosa mejor en aquellas novelas suyas en que quiso ser más realista, y pintó tipos y costumbres de los montañeses de Escocia en época próxima a la suya. Mi enhorabuena de todo corazón. Su mejor amigo, M. Menéndez Pelayo». Pereda le contesta entusiasmado el 16 de febrero, o sea a vuelta de correo: «Estaba inquieto por no recibir tu opinión sobre “Peñas Arriba”, cuyos primeros capítulos conociste y aplaudiste antes que nadie». Pero a él y a sus íntimos mucho les «ha regocijado tu carta inestimable del 12, que, si como es confidencial estuviera en letras de molde diluida en un artículo de los que tú no sólo sabes hacer, no habría corona como ella para ese libro que tanto tiene de sagrado para mí por los motivos que tú conoces y se apuntan al pie de la dedicatoria que lleva». Le pide, pues, que lo publique en periódico de alcance y añade que será «ese, probablemente, mi último libro». En cuanto al Sordo, de Proaño se entiende, es decir el estrafalario y excéntrico Angel de los Ríos y Ríos, le contesta con cuatro palabras perdidas entre digresiones que no vienen a cuento. «Este es el hombre, de cuyos restos de sentido común dudas tú ya y con razón». Termina diciendo que «de la novela van vendidos, en tres semanas justas, 4.000 ejemplares», y que ya se prepara la segunda edición. El último juicio del Epistolario lo da el bibliófilo portugués Domingo García Peres, en carta de 15 de marzo siguiente: «Me ha entretenido... no menos “Peñas Arriba” del señor Pereda ¡Qué plácida lectura, la de muchas narraciones, tan naturalmente hechas, hasta el momento que la desgracia lo sorprendió! Después la acción se precipita, de tal modo que parece que el autor desea acabar pronto y de cualquier modo». Poco después le ruega un juicio sobre el estudio que le envía de su nieto Fernando García, sobre el que Menéndez Pelayo le contestó en carta de 1 de diciembre (por septiembre) de aquel año: «El artículo de su nieto de usted sobre “Peñas Arriba” es de lo mejor que yo he leído sobre Pereda». |
|
©
Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez 2004 - LosCantabros.com
alutiz@yahoo.es
|