« Martín-pescador »


Autor: Amós de Escalante
Obra: “Obras Escogidas de D. Amós de Escalante - POESÍAS”.
Año: -
Tema: Escritores Cántabros


“Yo nací para volar
en un cauce montañés,
de altos troncos a los pies,
donde suene cerca el mar.

En mi pluma verde azul
puso, entre chispas de sol,
la hoja tierna su arrebol,
el hondo cielo su tul.

Tranquilo, casi feliz,
me albergo en angosto nido
bien guardado y mal tejido
de un aliso en la raíz.

Si oídos tenéis y entrañas,
¿nunca os movió a sentimiento
el ¡ay! del agua, el del viento
herido en las espadañas?

Entre flecos de verdura,
murmurando, sonriendo,
resbalando, revolviendo,
la corriente se apresura.

En las pardas guijas suena
y arrancar prueba a su encierro
las blancas flores del berro
arraigadas en la arena...

Desde un ramo que al crecer
tendióse del agua a par,
mi presa acecho al pasar
viendo las ondas correr.

O rozando el agua pura
mis alas tensas, calladas,
son centellas irisadas
que iluminan la espesura.

Nunca, aun oyéndolo hablar,
fué gusto ni intento mío
llegar por el cauce al río
y por el río a la mar.

Que ajustadas bien las cuentas,
al abrigo de mis montes,
sus inmensos horizontes,
¿valen sus rudas tormentas?

Los que al vasto mundo andáis
pienso yo que no sabéis
los regalos que perdéis
en la patria que dejáis.

¿Hay más deliciosa vida
que una vida retirada
y la honra vieja heredada
y buena fama adquirida?

Fatigar sin aprensión
tras un lograr infinito,
no es saber, es apetito;
es frenesí, no razón.

¿A qué reñir y afanar
por oro, gloria, poder?
¿No es insensato encender
sed que no se ha de saciar?

No ignoro yo que a luchar
nos tocó al mundo venir,
que es de apocados huir
y de honrados porfiar.

Pero a la vez aprendí
que el más dichoso en la tierra
causas y ocasión de guerra
esconde dentro de sí.

Y aprendí también que aun muerto
hay tal ser que no descansa,
viendo en la corriente mansa
pasar un pájaro yerto...

Nuevas del mundo me traen
voces que las selvas tienen,
flores que en las aguas vienen,
hojas que del árbol caen.

Y tal del mundo imagino,
que medroso de lo tal,
si subo hasta el manantial
nunca bajo hasta el molino.

Odio el ruido, paces quiero,
y por solo y por callado
de adusto y malhumorado
me moteja el pasajero.

Mas ¿a quién pudo agraviar
que el cauce su fondo esconda?
El agua, cuanto más honda,
se deja menos mirar.

Que pensaran con favor
las gentes de un solitario,
fuera caso extraordinario:
a nadie juzgan mejor.

Si ofrece triunfos la tierra
y celebrados y nobles
medran laureles y robles
en lo áspero de la sierra,

brindan en aguas del cauce
a mi vivir lo preciso,
las cortezas del aliso
y los renuevos del sauce.

Luces que el follaje pasan
y en los cristales chispean,
el vuelo guían, recrean
el alma, tal vez la abrasan;

que si no hay historiador
que lo escriba o que lo cuente,
mi pecho, cual otros, siente
ansias, zozobras, amor.

Noche sin luna me enfada,
crudo invierno me entumece
y me azora y me estremece
el fragor de la riada;

que al mayor mi espanto llega
cuando, tras lluvia copiosa,
desbordada y cenagosa,
inunda el agua la vega.

El sol no se enciende ya;
sin cauce, sin rama y nido,
maltratado y aterido,
¿adónde el pájaro irá?

En el anegado suelo
hoy talado, si ayer rico,
no halla donde cebe el pico
ni donde pose su vuelo.

Loco fué cuando soñara,
¡oh Montaña en que vivía!,
que después de la agonía
césped tuyo la abrigara...

... Pues negó a mi condición
naturaleza discreta
el pecho de la cerceta
y las alas del halcón,

¿a qué buscar en los cielos,
a qué pedir a los mares
aire más rico en azares,
vida más puesta a desvelos?

¡Tentación de muchos es,
ancho mundo, en ti soñar!
Yo nací para morar
en mi cauce montañés.”


www.loscantabros.com
© Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez
alutiz@yahoo.es


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