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ÓSCAR LOSA, EN NOMBRE DE MORTERA VERDE» Las anguilas, los últimos peces en morir cuando el agua es irrespirable, se ven flotando estos días en la superficie del curso bajo del Pas. Es el fin del río, la señal -según los vecinos que viven junto a su orilla- de que ya no queda nada vivo bajo sus aguas. Tenía que acabar sucediendo, con las salvajes captaciones para el abastecimiento de Santander y alrededores, indiferentes al mantenimiento de un caudal mínimo para la vida del río, y el progresivo deterioro de la calidad medioambiental de éste. Con la seguía, el bajo Pas se ha ido convirtiendo en un conjunto de charcas separadas por canchales resecos a los que sólo afluyen las aguas fecales de las urbanizaciones y pueblos ribereños, entre los que destaca la flamante depuradora de Renedo, que lleva más de un año sin funcionar, sin que a nadie le parezca mal.Pero no es la única: en la urbanización La Mina, por ejemplo, los vecinos tuvieron que pagar la construcción de una depuradora, que por falta de mantenimiento municipal fue clausurada y destruida. Desde hace años todas sus aguas fecales van directamente a la ría, como al menos sucede en Vioño, Puente Arce y Mogro. A esto se añade el continuo goteo de licencias para nuevas urbanizaciones al borde del Pas, sin un seguimiento de sus vertidos ni una consideración sobre su deterioro paisajístico o sobre el peligro de riadas. Y para continuar este despropósito, están los vertidos químicos que la láctea de Renedo nos prodiga de vez en cuando con la consiguiente mortandad de cientos de peces por falta de oxígeno, sin que hasta la fecha se haya hecho algo coherente por evitarlo. La culminación son los desechos químicos en forma de grandes manchas de espuma que, procedentes de Solvay o SNIACE, vienen por la costa y suben con la marea hasta Puente Arce. Que en medio de este panorama, el ayuntamiento de Piélagos convoque una prueba de natación en la ría, no sólamente nos parece una cencerrada muy propia de su alcalde, sino también un considerable riesgo sanitario para los nadadores. Como puede apreciarse, la incompetencia y la falta de control que el Ayuntamiento de Piélagos, la Confederación Hidrográfica, la Comisión Regional de Urbanismo y el Gobierno de Cantabria han manifestado hasta ahora demuestran una bochornosa ignorancia medioambiental, o lo que es peor, un interesado mirar hacia otro lado que no puede permitirse. Una actitud que cambiaría radicalmente si los peces votasen. Así que si no lo hacen, alguna culpa tendrán, ¿verdad? |