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Una ventana a los últimos 40.000 años
En el verano de 2002 se ha completado la séptima campaña de excavación en la cueva del Mirón, situada en Ramales de la Victoria, Cantabria. Las excavaciones, iniciadas en 1996 por un equipo internacional dirigido por Manuel R. González Morales, de la Universidad de Cantabria, y Lawrence G. Straus, de la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, han proporcionado hasta la fecha una secuencia cultural casi continua desde los inicios de la edad del bronce (en estratos de hace entre 3.700 y 3.500 años) hasta el paleolítico medio, época musteriense (en estratos iniciales de hace 41.000 años). Datada mediante 51 fechas de radiocarbono, es una de las series más completas descritas en un solo yacimiento en la península Ibérica, lo que hace pensar en la existencia de ocupaciones humanas de gran antigüedad. «Las ocupaciones solutrenses y magdalenienses, que muestran la respuesta de las sociedades humanas del paleolítico superior a las condiciones de la última glaciación en Europa, son las que están presentes también en la cueva de Altamira, situada en la zona costera, como la mayoría de los yacimientos excavados de ese período —señala Straus—. Por contraste, la cueva del Mirón está ubicada en las estribaciones de la cordillera Cantábrica, no lejos de áreas que estuvieron bajo los hieles en el momento álgido de la glaciación, y entre sus numerosos y bien preservados restos de fauna abundan los de cabra montés, huesos y dientes de ciervos, caballos y bisontes, además de numerosos restos de salmones y otros tipos de peces y moluscos marinos. Estos últimos se usaron sobre todo como adornos, por lo que en su mayoría aparecen perforados, y eran traídos desde la costa, en la desembocadura del río Asón, que en aquel momento estaba a unos 25 Kilómetros de distancia. De la costa procede también una parte significativa del sílex empleado como materia prima para tallar sus utensilios.» La secuencia magdaleniense del Mirón (de hace entre 17.000 y 11.500 años), una de las más ricas y completas de la región cantábrica, ha revelado una riqueza excepcional en instrumentos líticos (más de 2.500 útiles y centenares de miles de restos de talla, la mayoría en sílex de excelente calidad) y óseos (agujas de hueso y puntas de azagaya de asta). Las excavaciones han puesto al descubierto suelos de habitación magdaleniense con posibles estructuras intencionales, como pavimentos, hogares, un alineamiento de piedras a modo de muro y cubetas con ocre. También se han localizado grabados rupestres recubiertos por estratos del magdaleniense medio y superior en las paredes del fondo del vestíbulo de la cueva y en un gran bloque desprendido. Junto a estos grabados lineales, se han hallado también grabados figurativos con representaciones de animales entre los que al menos hay un caballo y lo que parece ser un bisonte. «Tenemos la suerte de haber encontrado casi intactas ocupaciones humanas coetáneas a Altamira —señala González Morales—, con la diferencia de que, mientras que dicha cueva fue excavada con técnicas de principios del siglo XX, en el Mirón podemos obtener mucha más información gracias a la tecnología moderna.» Además de la secuencia paleolítica, la cueva del Mirón ha revelado depósitos intactos y amplios que documentan los orígenes de la tecnología cerámica, el pastoreo, la agricultura y una estructura social compleja en la fachada atlática peninsular, en un grado hasta hoy sin precedentes. Hasta ahora, el neolítico, el calcolítico y los inicios de la edad del bronce en el Cantábrico sólo se conocían por hallazgos sueltos, excavaciones mal documentadas, monumentos megalíticos y cuevas sepulcrales, pero no a partir de yacimientos de habitación amplios como el Mirón, con estructuras, molinos, hogares, testimonios de estabulación y posible metalurgia a principios de la edad del bronce. La Presencia de cereales parece ya confirmada en los niveles superiores del calcolítico. Las distintas campañas e investigaciones complementarias, en las que han participado estudiantes y profesionales europeos y estadounidenses, cuentan con el apoyo económico de la Fundación Marcelino Botín de Santander, la National Science Foundation de Washington, D.C., la Dirección General de Enseñanza Superior del Ministerio de Educación y Cultura, el Gobierno de Cantabria, la L.S.B. Leakey Foundation de San Francisco, las universidades de los directores de las excavaciones, y National Geographic Society.
LA CUEVA DE COVALANAS
El Mirón forma parte de una serie de yacimientos prehistóricos que se extiende a lo largo de la cornisa cantábrica y el sudoeste francés. En la misma ladera rocosa del Mirón se abren varias cuevas con restos prehistóricos, entre ellas la de Covalanas. Ubicada a sólo 200 metros del Mirón, alberga en su interior las pinturas de unas ciervas realizadas en rojo con la técnica del tamponado, unas de las representaciones del arte paleolítico más bellas e importantes de Cantabria. |
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