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Casi aislado, se alza en la costa, como barrera a la desembocadura del Asón, un enorme mogote de roca, de una periferia de 52 cables marinos, a una altura de 403 metros, unido al continente por un istmo de arena que forma, por el lado del mar, la playa de Berria, seguramente del mismo origen que la extensísima de Laredo, que llega, en bajamar, a cien metros del muelle de Santoña. En la falda del mogote, dando frente al mediodía, sobre arenas arremangadas por las corrientes, bien protegida de los vientos del Norte y Noroeste, se asienta la villa, que algunos quieren que fuera el hipotético Portus Victorioe, pero que aún está por ver que lo fuese.
Ha corrido por muy verídica una leyenda de una restauración y casi fundación de la villa hacia el siglo IX por un Montano, Abad de Santa María de Puerto, y es más verosímil que otra sobre disputas habidas entre un Paterno que se pretende halló desierto el lugar y con otros compañeros monjes le labró y cuidó, y unos habitantes que no sabemos de dónde salieron, y arrojaron de allí a los monjes, los cuales acudieron a Don García de Navarra en 1.042, y éste les reintegró y dio una jurisdicción que él no tenía… Las modernas investigaciones históricas han dado al traste con muchas leyendas y documentos falsificados. Es casi seguro que Santoña, cualquiera que fuera su importancia, sería, como toda la costa de Trasmiera, visitada por las incursiones de los escandinavos, y que, pasadas éstas, se repobló. Seguramente que el siglo XII tuvo su iglesia románica, de la que quedan vestigios en la actual ojival de varias épocas, y de la que conserva la línea de planta, si bien no fue de la extensión que hoy tiene; pero debió, sin embargo, ser importante, por que así lo acusan los capiteles que aún existen de la iglesia primera. Su posición hacía de la villa de Santa María de Puerto una población marítima, y la pesca y la navegación fueron los elementos de su vida, que no debió de alcanzar gran desarrollo, ya que no se la ve citada con las otras cuatro del mar Cantábrico, hallándose entre dos de ellas. Hasta la invasión francesa pasó inadvertida, y después de ella, por copiar, dando por supuesto que al genio de Bonaparte se le había ocurrido convertir el mogón en otro Gibraltar en el Norte de España, se gastaron no pocos millones en hacer aplicación de todas las teorías entonces aceptadas para crear unas formidables fortificaciones que sólo amenazaban a Laredo, Colindres, Escalante y contornos. Para las obras se trajeron presidiaros de toda España, y para acogerlos se hizo un barracón…; y eso fue lo que quedó de todo aquel derroche inútil de millones: un presidio malo y vergonzoso. También quedó la categoría de Plaza Fuerte, y con ella la existencia de un Gobernador con su cuadro de oficiales. Poco a poco se desmoronaban las murallas sin terminar, y con sus escombros se hacía un muelle. Si la pobreza del país circundante no hubiera sido tan grande, ¡qué puerto más admirable podía haberse hecho al Sur del mogón! Todavía antes del año 1853, era el paso obligado del movimiento de pasajeros entre Santander, Laredo, Castro, Bilbao y viceversa… Todavía muy niño, hicimos ese recorrido por el Puntal de Somo a través de La Trasmiera, por Santoña, pasando en barca al Puntal de Laredo…; pero ya estaba hecha la carretera por Solares, Beranga, y Treto, y sólo el temor que infundía la barca de Treto, hacía que muchas gentes, (señoras especialmente) prefirieran, aún diez años después, la jámuga y el espolique… Santoña, como Laredo, como Colindres, debe la resurrección del letargo en que cayera, a la munificencia de algunos de sus hijos que, enriquecidos al otro lado del Atlántico, a ella vinieron a hacer beneficiosa ostentación de su fortuna, siendo hospedadores de reyes en los palacios que dentro de la exigua villa levantaron, y fundando costosas obras benéficas con mejor intención que orientación… Más tarde el Estado ha hecho un ensayo, en vías de ser definitivo, del nuevo sistema de Penitenciaría, construyendo a la entrada de la villa la grandiosa serie de edificios al efecto, en el Dueso. Pero mientras no desaparezca el infecto, moral y materialmente, ¡Penal Viejo…! Santoña reúne condiciones para ser una deliciosa residencia veraniega. Su inmensa playa de Berria, y la gran llanada al Sur de ella, se prestan a hacer allí un pueblo nuevo de veraneo, como otros tantos que por esas tierras de Dios se han improvisado, sin los inconvenientes de las playas con pueblos viejos por base, y desde Gama, por Escalante y Argoños, podía ser todo el camino una doble alameda preciosa, sembrada de villas hasta Berria. Quizás si llega a hacerse el ferrocarril en proyecto con Gama, ocurra algo de eso dentro de algunos años. Excursiones se pueden hacer numerosas e interesantes desde Santoña,
por toda la Trasmiera: a Solares (véase Itinerario B y ferrocarril
desde Gama), a Soba (véase Itinerario B desde Gama y ferrocarril
desde Gama a Gibaja), a Ruesga (véase Itinerario B desde Santoña;
el retorno puede ser por Riaño, Solórzano, Beranga, Meruelo,
Castillo, Argoños); a Laredo y Castro Urdiales, (véase
lo dicho sobre estos puntos). |
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Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez 2005 - LosCantabros.com
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