Los Cántabros

Autor
José Antonio Perez Muñoz

Los Cántabros Nº 5 (2005)
L encaminar los pasos hacia la parte oriental de Cantabria siempre nos encontramos al típico cántabro apacible, generoso y, paradójicamente, comunicativo y reservado a la vez.

Del otro lado de la bahía, dejando atrás los reposados parajes que configuran las Siete Villas, antes de arribar a Santoña, nos damos mano con boca con el singular municipio de Escalante.

De aquí partieron, hará mas de cien años, buenos vecinos a hacer las Américas. Y si las hicieron, bien supieron regresar con el hatillo lleno de viandas y en los bolsillos algunas monedas, para contribuir al bienestar familiar, al desarrollo del pueblo y a la prosperidad vecinal.

Las catedráticas universitarias Rosa Mª Blasco Martínez y Carmen Rubalcaba Pérez han realizado una exhaustiva y amena investigación sobre el conjunto documental epistolar cruzado, durante casi treinta años, entre Pedro Jano desde Escalante y Santoña y sus hijos desde La Habana. Este maravilloso trabajo es un digno testigo de la confraternidad de ambas orillas y de la función capital del indiano en la Cantabria rural del siglo XIX a la hora de hablar del desarrollo y progreso de la misma.

Los habitantes de Escalante, con el Monte Hano por testigo, son paradigma y referente de miles de familias que configuraron la historia social del emigrante de la Cantabria del siglo XIX.

Conurbanos hubo, quinientos años atrás, que de estos predios salieron a acompañar al almirante Cristóbal Colón a descubrir nuevas tierras, por orden y recomendación del santoñés Juan de la Cosa, quien fuera el constructor y propietario de la nao Santa María, que junto a la Niña y la Pinta surcaron los grandes mares para beneficio de la Corona Española de los reyes Fernando e Isabel. En estas mismas tierras y costas se armó la nao y de ello fue testigo, en 1489, el Monte Hano.

En honor del santoñés habría que apuntar que éste fue mejor cartógrafo y poseía un más amplio conocimiento sobre los misterios de los grandes mares que el genovés. Lo que sucede es que el título de almirantazgo tenía más influencias en los meandros de la corte para conseguir los maravedíes suficientes que sufragaran los aventurados viajes transoceánicos. El papel de De la Cosa en el descubrimiento fue aún más lejos incluso. No sólo aportó la nao, gran parte de la tripulación y sus conocimientos, sino que además consiguió que muchos comerciantes de Escalante cooperaran con sus dineros a la aventura del descubrimiento de las Indias. La ciencia geodésica debe a don Juan de la Cosa gran parte de su avance y modernidad.

Este monte, coronado quizás con el eucaliptal más hermoso de las Siete Villas, acoge también roble, laurel, acebo, encina y castaño y un amplio repertorio ornitológico. Si contemplamos esa preciosa elevación, desde el paseo Rivera de Escalante, extendiendo la vista por encima de la marisma, se nos encoge el alma al ver con nitidez ese terrible mordisco que afea su verde costal. Es el destino de estas bajas cumbres. Terminan roídas por las máquinas del hombre más que por la máquina del tiempo. El impacto ambiental parece que cada día nos importa menos. Carecemos de sensibilidad para con nuestra naturaleza. Las dentelladas de los montes no se cierran sólo con buenos sentimientos. Si nos aproximamos a sus faldas, es fácil escuchar el monótono y sincopado ritmo del molino que tritura con su secado, después de tres décadas, la escoria de hierro para ser transportada a la cementera de Mataporquera. Luego allí es mezclada con otros productos y se fabrica el cemento que se exporta a otras comunidades para la construcción.

Desde sus casi doscientos metros de altura (189) el Monte Hano divisa gran parte de la costa oriental y ha sido testigo silencioso de amargas despedidas e incruentas guerras.

Tiempo hubo en que los jóvenes de Escalante acudían a su ladera, ya fuera domingo vespertino o sábado nocturno, a jurarse amor eterno, ese amor adolescente que por lo general, y con mucha suerte, alcanzaba hasta el próximo fin de semana. Cuentan que estos jóvenes, ya mocetones, sentían tristeza al talar los árboles, testigos de sus secretos efluvios juveniles, que alimentaban los hornos de las fábricas de Liérganes y la Cavada para fabricar los cañones que tantos prestigios aportaron a la historia cántabra.

Si se pudiera construir un solo poema con las frases de amor escritas en las cortezas de los árboles de Monte Hano, con toda seguridad saldría la oda romántica más hermosa jamás compuesta por poeta alguno. Los jóvenes enamorados son así de espontáneos. Dejan tatuados en los troncos de los árboles lo que no son capaces de escribir en los folios.

Desconociéndose el origen propio del nombre, al autor de estas líneas le sorprenden dos curiosas creencias:

    a) que el nombre del monte se debe al dios Jano, porque, según se cree, en el alto de la montaña hubo un templo romano dedicado a la divinidad de las dos caras;

    b) que, según se dice, en el seno del ejército cartaginés de Aníbal, en el supuesto paso de éste por Cantabria, hubo un general de apellido Hanon. Para justificarlo lo atestiguan con las ruinas del castillo.

Otros adjudican el nombre a un antiguo faro que dominaba la bahía de Santoña y la entrada a Trasmiera. Y otros, quizás los más acertados, a la forma circular del monte. Se especula con la posibilidad de que en su día hubo calzadas romanas –la simbólica “Vía Agrippa”–, y que por la ladera norte se extendió un puente romano.

Andando por sus ocultas interioridades uno por descuido tropieza con un trozo de la historia más reciente, como son los desvencijados y descascarillados muros de lo que un día fue un inexpugnable búnker de la Guerra Civil de 1936. Estas ruinas ocultaron hombres y salvaron vidas.

La loma de Monte Hano además conserva en su memoria una de las más bellas páginas que la historia le reserva a Escalante. Este precioso municipio fue dueño del puerto más singular de las Siete Villas y fue aquí precisamente, tal como apuntamos más arriba, donde se construyó la nao Santa María.

El año 2005 es una fecha emblemática tanto a nivel nacional como internacional. En dicha fecha, como bien sabemos, se conmemora el cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote. Se festeja el doscientos cincuenta aniversario de la fundación de la ciudad de Santander. Pero también es grato recordar que se celebra el primer centenario de la aparición de la Virgen de la Cama, quien un día hizo su aparición en Escalante para curar a los enfermos y convertir en creyentes a los incrédulos.

En el recogido convento de San Sebastián de Hano, digno de ser visitado para poder respirar un poco de tranquilidad en este mundo de aceleración permanente, confraternizan los mineros cada cuatro de diciembre en nombre de su patrona Santa Bárbara.

La verde corona escalantina dicen que también se entretenía con las frenéticas brazadas del Hombre Pez de Liérganes cuando éste venía a cruzar la salada lengua de mar que separa, o une, según se mire, Santoña con Laredo, donde un día varó una ballena que nadie nunca vio. O, a lo mejor, nunca encalló la ballena que todos vieron. El caso es que el asunto nunca se aclaró.

Si las marismas de Santoña son reconocidas como patrimonio ecológico por su infinita fauna de aves exóticas, bien es cierto que su frondosa y peculiar pared, más sus misteriosos sacrosantos han servido de inspiración a más de un bardo. La solícita y afectuosa Bárbara de Blomberg -cuya infausta vida fue llevada al mejor canto por el poeta Diego Alonso- amante del emperador Carlos V y madre de Juan de Austria, descansa sus restos en estas solitarias y frías oscuridades.

Para concluir, otra singular especulación que me ha sido facilitada gracias a la imponderable investigación de don Javier Marcos Martínez. En la página 27 de su ineludible La Historia del Monte Hano, extraído del trabajo del arquitecto Antonio Zabaleta, podemos leer sobre el castillo: “En Escalante hablan de un castillo en el Monte Hano que dicen se cree fundación de los Duques de Cantabria y suponen de don Pedro, yerno de don Pelayo”. Pero bien nos apostilla Marcos Martínez: “Desde el siglo XVI existe en Trasmiera una tradición, por la que los señores de Ceballos, [el Almirante señor de Escalante, dueño en su día del Castillo] se decían descender de los Duques de Cantabria”. Una original manera, como cualquier otra, de ganar prestigio a costa de los logros de nuestros antepasados reconquistadores. También se especula con la posibilidad de que el castillo fuera propiedad de don Diego López de Haro.

Una Perla: Para los habitantes del municipio de Escalante, la gran importancia de Monte Hano radica en que sus entrañas albergan los primeros vestigios (o huellas) prehistóricos de su existencia. Estos se localizan en las silentes cuevas La Mosolla y La Doncella donde se han realizado importantísimos hallazgos arqueológicos y antropológicos desde el año 1904 por el prestigioso L. Sierra entre otros. Tenga razón o no el padre Sota cuando dice que a este lugar se retiraron los antiguos cántabros después de ser vencidos por las tropas romanas, la verdad es que los habitantes de Montehano y Escalante, desde sus más remotos orígenes, han sabido dar lo mejor de sí en cada momento a la historia cántabra y ofrecer su desinteresada solidaridad cuando se les ha solicitado. Son parcos en palabras, pero locuaces en los hechos. Por cierto, cualidades o virtudes impagables muy cántabras.


© Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez 2005 - LosCantabros.com    alutiz@yahoo.es