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La estación de Santa Isabel, Valle de Reocín, es una de las primeras sobre la vía férrea Torrelavega a Cabezón. Se adosa al borde de un pequeño plano dominando al Sur por la llanura del Río Saja, de una pendiente abrupta a veces o piso, de una quincena de metros. Muchas cavidades se observan en la vecindad de la estación. Una está a una veintena de metros y se abre a la misma altura, pero no presenta ningún vestigio antiguo. Otra disimula su entrada baja, aproximadamente a 200 metros en adelante al borde abrupto del plano a 3 metros abajo de su superficie. Un laurel que ha sido quemado sirve para encontrarla. Esta cavidad, desconocida por los paisanos, fue descubierta por Alcalde del Río en 1906 pero no se hizo una exploración completa hasta julio con M. Breuil; fue entonces cuando fueron descubiertos los dibujos que encierra. ![]() Croquis de "La Clotilde" (Ampliar Imagen) La abertura permite acceder a una sala larga en forma de colador y se dirige hacia la derecha. El suelo está escombrado de gruesos bloques y no parece contener minerales. Nada más a señalar en el primer pasillo de la derecha; una segunda entrada es muy estrecha para introducirse. La tercera es más larga: podemos andar en cuclillas y llegar sin muchas dificultades a una cámara con 2 pasillos, escindiéndose con una elevación. Después de escalar esta especie de peldaño, penetramos en un pasillo largo de 2 metros que continúa serpenteando algunos cientos de metros. El suelo, arcilloso o arenoso, es invadido por el agua que a menudo impide seguir con los pies secos. A 80 metros de la entrada, el corredor se bifurca pero las dos ramas se juntan enseguida. Más lejos, un cono de estalactitas obstruye casi completamente la galería y obliga a tumbarse. Llegamos a un punto donde el suelo presenta una especie de terreno arcilloso continuo que se encuentra también por las paredes. Esta arcilla es un vestigio de un derrumbe antiguo que ha estado vaciado de su contenido por las variaciones del régimen hidrográfico. Es en este sitio en el que Alcalde del Río y Breuil vieron las representaciones singularmente primitivas de bueyes, acompañados de otros motivos elementales, más o menos paralelos. Ni la técnica del dibujante, que los ha hecho con el dedo sobre arcilla, ni su concepción elemental del dibujo, nos indican un periodo lejano; la primera impresión de Breuil fue muy desfavorable; a la primera vista de estas figuras Alcalde del Río tenía más confianza y le parecía reconocer, a pesar de todo, algo artístico de los paleolíticos. Un examen de los dibujos permite constatar que no son muy recientes. La superficie de un toque medio con el dedo por uno de nosotros sobre la arcilla no presentaba el fino granulado del trazo de los dibujos. Por otra parte, después que estos estaban hechos, los restos de la superficie arcillosa habrían caído al suelo; veíamos bien de donde habían caído pero fue en vano buscarlos por el suelo (los antiguos); es por eso que había pasado un tiempo notable entre la ejecución de los dibujos y hoy día porque había desaparecido toda traza de la arcilla caída. Pero de esta constatación, a poner una fecha en la evaluación del arte cuaternario de estas siluetas frágiles, va mucho. Ningún vestigio arqueológico nos viene a aclarar el problema. Dado que después de nuestro descubrimiento y el descubrimiento de figuras ejecutadas con los mismos procedimientos en grutas muy antiguas como Quintanal (Asturias), Hornos de la Peña (Cantabria) y Gargas (Pirineos). Estos descubrimientos llevan todos sobre los dibujos trazados con el dedo sobre arcilla, y de una técnica de unos dibujos tan elementales como los de “La Clotilde”. |
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Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez 2005 - LosCantabros.com
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