Von Daniken apoya un final lebaniego
para el Arca, basado en un incunable.
Del 16 al 31 de agosto instalaron junto al monasterio medidores
de radiación.
Seis norteamericanos, con un sofisticado material técnico
que efectuaba complicadas mediciones de diversos tipos de radiación,
han estado instalados durante la segunda quincena de agosto en los
alrededores del Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Creen
que en la cripta del templo, bajo el Altar Mayor, está escondida
nada menos que el Arca de la Alianza, buscada hasta por los nazis
en la Segunda Guerra Mundial, y que protagonizó la famosa película
de Steven Spielberg. Sobre toneladas de ciencia ficción, hay
una realidad innegable: Al final de las Cruzadas, desapareció
para siempre, sin que se conozca aún su paradero. Basados en
un incunable del Padre Sota, del que hay un ejemplar en la Biblioteca
Menéndez Pelayo, varios investigadores sostienen que podría
estar encerrada en Liébana.
En el incunable del Padre Sota Los Príncipes de Asturias
y Cantabria se relata cómo el Conde de Santa María
de Lebeña regresó de Jerusalén junto a Toribio
de Liébana —todavía no era santo—, trayendo
consigo de la Ciudad Santa importantísimas reliquias que hoy
están encerradas en una cripta bajo el Altar Mayor del actual
monasterio. Más tarde, según relata el padre Sota, la
amistad entre ambos personajes se tornó beligerante por motivo
de la custodia de esas reliquias, que acaparó para sí
Toribio. En las páginas del incunable se relata con precisión
cómo los soldados del conde acabaron venciendo, y cuando abrieron
la cripta para sacar las reliquias, “quedaron todos ciegos por
una luz brillantísima”. Al margen de milagros, algunos
famosos investigadores internacionales han creído encontrar
en este relato una pista del paradero del Arca de la Alianza.
Afamados investigadores
Uno de estos afamados investigadores es Eric Von Daniken, autor,
entre muchos otros, de los éxitos multimillonarios Regreso
al Futuro y Regresos a las estrellas, llevados al cine
con la misma fortuna en taquilla. La autoridad de Von Daniken es totalmente
cuestionada por el sector escéptico de la ufología,
pero al tiempo, sigue siendo invitado a pronunciar conferencias en
las más prestigiosas universidades de todo el mundo. De todo
ello, nos documenta e informa Críspulo Cortés Cortés,
cántabro que desde hace 12 años reside en Torrelavega,
pero que antes permaneció otros tantos en Suiza, donde entabló
una larga amistad con Von Daniken.
Cortés informó a Von Daniken de este incunable del
Padre Sota, y el autor de best-sellers se puso a su vez en contacto
con la Asociación de Astronomía Antigua, extendida
por muchos países, aunque con núcleo y sede permanente
en Estados Unidos. De esta asociación es de donde han venido
este verano, por segunda vez, un grupo de investigadores hasta Liébana.
Cortés actúa en Cantabria como cicerone, y ha estado
a su lado en varias ocasiones durante su reciente estancia en los
alrededores de Santo Toribio.
La Asociación de Astronomía Antigua —a
la que se ha dicho que pertenece ese otro autor de best-sellers español
y también controvertido ufólogo que es Juan José
Benítez— ya había enviado hace año y medio
a otros investigadores a Liébana, intentado conseguir la colaboración
de los responsables del monasterio. “En cuanto les hablaron
del libro incunable del Padre Sota, todas las puertas les fueron cerradas
de golpe”, asegura Cortés. Esta vez, no pretendieron
entablar ningún tipo de negociaciones con los monjes, sino
que trajeron un aparatoso equipamiento, que les ocupó seis
furgonetas, para realizar mediciones exteriores.
Con grandes poderes
Si debemos creer lo que dice la Biblia, nadie dudará de los
poderes eléctricos —llamémoslo así—
del Arca de la Alianza, el “transmisor para hablar con Dios”
de Moisés, en su huida de Egipto. Las Sagradas Escrituras indican
que cuando uno de sus portadores se atrevió a tocarla en medio
del desierto, recibió una fuerte sacudida que le mató.
Desde que desapareció en Jerusalén, el Arca de la Alianza
es una de las piezas más codiciadas por los arqueólogos,
y se ha escrito que la leyenda de sus poderes hizo que hasta los mismos
nazis la buscaran en sus momentos de desesperación. De estos
temas, trasladados a la ficción, es precisamente de lo que
trata En busca del Arca Perdida, la película de éxito
multitudinario de Spielberg.
El propio Críspulo Cortés Cortés, de 58 años,
ha acompañado a Eric Von Daniken en otra de sus expediciones
en busca del Arca Perdida. Concretamente, viajaron a Etiopía,
al Convento de Santa María que allí posee la Iglesia
Copta, una de las ramas más antiguas del cristianismo, que
aún hoy permanece viva en algunos países. En aquella
ocasión no tuvieron ningún éxito, pero Cortés
adelanta que las primeras impresiones que han tenido los investigadores
norteamericanos en Liébana no han podido ser más favorables.
“A mí no me indicaban nada concreto, y como mucho tenía
el privilegio de poder verles trabajar. Maniobraban con un equipamiento
excesivamente complejo para mis conocimientos, y por tanto las impresiones
que pueda dar son necesariamente superficiales. Puedo hablar sólo
de cuestiones tangenciales, como que aparentaban ser científicos
de altura, que aunque vestían con la elegancia de un diplomático
dormían en sus propias furgonetas, perfectamente equipadas
para ello. Está claro que de su calidad profesional sólo
pueden hablar los datos concretos y no las apariencias, pero esto
es lo que puedo contar. Como deferencia a mis atenciones, prometieron
enviarme un adelanto de sus resultados. Aún los espero”,
explica Cortés Cortés.
Para todos los gustos
En el heterogéneo grupo de personas de renombre que apoya
la tesis de que el Arca de la Alianza se esconde en Santo Toribio
de Liébana, no podía faltar, cómo no, Jorge María
Rivero San José, autor del chauvinista libro Cantabria,
Cuna de la humanidad. Por cierto, que Rivero San José
sigue defendiendo su tesis, en conferencias por distintos puntos de
dentro y fuera de España.
El hecho de que muchas de las reliquias que se guardan en Santo Toribio
de Liébana hoy no produzcan más que risas hasta en los
más devotos creyentes —llegan a citarse en la relación
hasta plumas de ángeles y arcángeles—, es cuestión
más que suficiente para que sus actuales guardianes no quieran
saber nada del tema. Mejor dejarlo como está, bajo piedra,
que desempolvar un pasado plagado de fe ciega, mezclada con montañas
de supersticiones, hoy evidentes.
Eso no quiere decir que la verdad no haya que divulgarla tarde o
temprano, y se guarde en la cripta el Arca de la Alianza u otras joyas
arqueológicas de menor cuantía, habrá que mostrarlas
para el estudio de nuevas generaciones. Los monjes podrán avergonzarse
o no de alguna parte de su pasado; la obligación de la humanidad
es, sea cual sea, conocerlo.