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Editorial // Revista Los Cántabros Nº 2 (2004)
La historia de los pueblos es una historia viva, en continuo movimiento, a expensas siempre del último descubrimiento. En la historia, se da un hecho ilógico, aunque por otra parte común a toda ciencia, que nos permite saber más cuanto más nos alejamos en el tiempo de un cierto acontecimiento o de una etapa concreta. Este hecho nos está permitiendo acercarnos cada día un poco más a nuestros antepasados, acercarnos de un modo u otro a sus costumbres, sus mitos y en definitiva a su modo de vida. Se suele decir que la historia la escriben los vencedores, y es cierto, pero en algunos casos gracias a estos, como así ocurrió con el imperio romano, la historia de nuestros pueblos, y en concreto del pueblo cántabro, ha perdurado en el tiempo, o al menos una parte de ella. Pero, como he dicho, la historia la han escrito, la escriben y la escribirán siempre los mismos, los vencedores, interpretándola en función de lo que convenga en cada momento y más si tenemos en cuenta que la interpretación de la historia, y digo bien interpretación, siempre ha estado y estará al servicio de los intereses políticos de conveniencia, así ocurrió en Egipto, en Roma, en la Alemania de Hitler... y así ocurre hoy en día con ciertos nacionalismos. Sin embargo la historia siempre ha sido y será única, la miremos como la miremos, es imposible la coexistencia de dos o más interpretaciones sobre un mismo hecho. ¿Qué sabemos hoy en día de nuestro pasado, de nuestros orígenes? sabemos únicamente lo que nos han contado, ya sea a través de textos históricos o bien de la arqueología moderna. ¿Pero qué hay de cierto en todo ello? Si tuviéramos la posibilidad de viajar en el tiempo ¿qué nos diría un contemporáneo de Altamira o de Puente Viesgo, o de las Guerras Cántabras....? seguramente en la mayoría de los casos nada o bien poco tendría algo que ver con lo que nos han contado, y por tanto “su realidad” sería bien diferente a como tradicionalmente ha presentado la historia. Una historia, que según la tesis de Jorge Mª Ribero-Meneses, que ofrecemos en primicia a nuestros lectores, está a punto de cambiar. Este filólogo e investigador afirma que la escritura nació en Cantabria, en la cueva del Castillo, hace 38.500 años, 30.000 años antes que en Mesopotamia.
De ser cierta esta teoría, se confirmarían las hipótesis
que sitúan a Cantabria en uno de los ejes principales del origen
de la civilización y sobre todo, y lo más importante,
nos permitiría acercarnos de manera sustancial a nuestros orígenes.
¿Qué se esconde tras esas paredes? ¿Qué
nos dicen esas pinturas?... un misterio que quizás hoy esté
un poco más cerca, el tiempo dirá... |
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Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez 2005 - LosCantabros.com
alutiz@yahoo.es
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