«LA AMENAZA DEL SILENCIO»

Por Felipe González Coordinador de la SEO/BirdLife en Cantabria
(“Limpiuco” cuarto trimestre 1999)

El Urogallo, en grave peligro de extinguirse en nuestra comunidad.

El Urogallo Cantábrico, Tetrao urogallus cantabricus, uno de los símbolos emblemáticos del bosque montano atlántico e indicador del estado de conservación de los mismos, está sufriendo un proceso de reducción de sus poblaciones que se está manifestando tanto en la disminución numérica de sus efectivos como en la reducción de sus áreas de ocupación. El urogallo es el gigante de las Galliformes europeas y buena prueba de ello son los nombres tradicionales que aún perduran en algunas zonas de alta montaña: pita do monte en Galicia, faisán en el cordel cantábrico, pavo en el Alto Cinca aragonés y gall fer en el pirineo catalán.

Nuestras aves viven en el extremo sudoccidental de una vasta área de distribución que llega en dirección este hacia el río Lena (Siberia), siendo su hábitat habitual los extensos bosques boreales de coníferas, mientras que en el sur de Europa han quedado acantonados en los núcleos relictos de los Pirineos y Cordillera Cantábrica, donde ocupan montes de abetos y pino negro, en el primero, y un bosque mixto de hayas, robles albar y abedules en el areal cantábrico. Se trata de unos urogallos más pequeños y piquicortos cuyo aislamiento ha originado dos subespecies endémicas, la pirenaica (raza aquitanicus) y la cantábrica (raza cantabricus).

Constituye un verdadero prodigio el modo en que estas aves se las apañan para sobrevivir en un medio tan duro y extremo como son los bosques caducifolios en los que habita. Su táctica vital es arriesgada y algo estrambótica: dieta vegetariana, residencia sedentaria en un modelo fijo de estructura forestal y longevidad.

Se trata de un vegetariano extremo con una dieta basada en brotes de especies arbóreas como son el haya, el acebo o el abedul en invierno, y una mayor diversificación durante el verano con predominio de arándonos. En invierno se alimenta de diverso material leñoso, pobre energéticamente, pero asimilable gracias al magnífico poder de fermentación de su aparato digestivo. Esta conducta arbórea cambia a terrestre en cuanto deshiela, y nuestro amigo patea el suelo forestal en busca de tallitos y brotes suculentos que combina con frutos de temporada (arándanos, fresas, frambuesa, escaramujo...)

El invierno constituye una etapa crítica para la especie, y por eso las molestias humanas le son nefastas. Los urogallos se enfrentan a las ventiscas y grandes nevadas quietos en su árbol comedero para no enfriarse, haciendo un alarde de economía energética con sus reservas corporales, que son escasas debido a lo pobre de su dieta. Y aunque sea un fuera de serie aguantando temperaturas árticas, su resistencia física sin fenecer ronda las tres semanas. Basta el paso de algún intruso (excursionista o cazador de jabalí) para que nuestro tímido y ahorrador amigo tenga que salir volando, viendo mermada su capacidad de resistencia, lo que provocará que si el rigor invernal se alarga nuestro gallo no llegue a cantar en primavera.

Hacia finales de abril comienza el celo del urogallo, un espectáculo donde los machos se pavonean con la cola en alto y alas caídas mientras emiten su extrañísimo canto, un sonido difícil de plasmar en papel, pero que engloba las estrofas conocidas como redoble, castañueleo, taponazo y seguidilla o refilo. Con la salida de la hoja del haya se termina el galanteo que da paso a la nidificación de la hembra que pone todo su empeño en su puesta de seis a diez huevos que oculta en lo más profundo del bosque. Tras cuatro semanas de incubación conducirá a los pollitos hacia claros en el borde del bosque donde puedan alimentarse de saltamontes, hormigas y orugas, presas imprescindibles para que la prole engorde y vuele.

Aquí está el otro talón de Aquiles de la especie, pues los estudiosos afirman que la supervivencia infantil es pésima, puesto que menos del veinte por ciento de los que nacen llegan a cumplir el año de edad, manteniéndose la viabilidad de la especie gracias a la longevidad de los adultos capaces de resistir hasta quince o más años.

Aunque parezca que al urogallo le da igual cualquier tipo de bosque, pues ocupa tanto bosques de roble en Asturias, pinares y abedulares en León y acebales y hayedos en Cantabria, esta adaptabilidad a diferentes especies arbóreas va unida a una férrea preferencia por una estructura forestal determinada. Las claves de este hábitat incluyen extensos bosques con variedad de portes aéreos y baja densidad arbustiva que permitan el paso de la luz para favorecer un rico mosaico de pastos y matorral de arándanos. Esta foto-fija de bosques maduros y solitarios, con abundante sotobosque de herbáceas y arándanos, idóneo para la tímida biología de nuestro protagonista es cada vez más difícil de encontrar.

Tres síntomas manifiestan el grave estado de conservación de esta especie: regresión del área habitada, desaparición de los núcleos periféricos (Galicia y Cantabria) y el descenso de efectivos.

Cantabria afronta un negro futuro para el urogallo. De 23 machos contabilizados en 1982 se ha pasado a 3-5 machos en 1998, desapareciendo de las cabeceras del Saja-Nansa y quedando reducido a tres cantaderos en Liébana. A su vez, estos núcleos distan de las poblaciones más cercanas unos 45 Kilómetros, lo que anula las posibilidades de una recolonización, más aún si vemos que se trata de núcleos tan exiguos como los cántabros.

Ante tan alarmante diagnóstico, el enfermo requiere una solución urgente, más de conservación práctica y de prudencia ambiental que de sofisticada investigación, porque el urogallo se nos va de las manos como se derrite un helado por los bordes. Asignaturas pendientes como erradicar furtivos, regular actividades cinegéticas, ordenar el excursionismo, limitar la arbitraria construcción de pistas y carreteras por las laderas arboladas, eliminar algunas cercas y tendidos mortíferos, mejorar el hábitat y contrarrestar la fragmentación acusada de lo más sagrado del bosque atlántico, requieren inmediata respuesta. Por eso, la SEO/BirdLife informa en 1997 de lo grave de la situación, que lleva a la creación oficial del Grupo de Trabajo del Urogallo Cantábrico en el Comité de Fauna y Flora del Ministerio de Medio Ambiente. Además, se reclasifica a la categoría de Vulnerable, catalogación que lleva a las administraciones a tomar mediadas coordinadas para resolver la situación que ha provocado la amenaza.

En 1999 SEO/BirdLife ha declarado al Urogallo Ave del Año para llamar la atención sobre el alarmante descenso de las poblaciones de esta especie, y que puede hacer que el siglo XXI se convierta en el siglo en el que el urogallo desaparezca de nuestros bosques.


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© Carlos Gustavo Alútiz Ruisánchez
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