Se trata de la bandera más antigua de Europa que tras la incompleta conquista de nuestra tierra por las legiones de la Roma imperial de Augusto, fue incorporada por dichas legiones como homenaje al heroísmo del pueblo de los cántabros y el orgullo que les producía el haberlo conquistado después de tantas vidas perdidas en las distintas guerras.
El lábaro cántabro está compuesto por dos bordes laterales horizontales en oro, sobre fondo rojo carmesí y el emblema central en círculo también en oro. Tanto el rojo carmesí, como el oro pasarían después también al pendón de Castilla y a las enseñas catalana y aragonesas, así como, por último, a la bandera española.
El lábaro iba a la cabeza del ejército y su custodia estaba confiada a cincuenta hombres escogidos entre los más bravos y fieles que se turnaban para llevarlo. El que lo llevaba era conocido como el signifer o abanderado. Hubo un cántabro de Brigantia (ciudad cántabra hoy conocida por Julióbriga) llamado Lucio Elio Flaco, que llegó a ser abanderado de la Legio II Augusta.
Las unidades de caballería romanas, a partir del siglo II d. C. llevaban un estandarte de color rojo carmesí con una cenefa dorada con cruces que recibía el nombre de “cántabro”. Municio Felix y Tertuliano, ambos escritores cristianos del siglo III, se refieren en uno de sus escritos a un estandarte en forma de cruz que llevaba la caballería romana y que recibía el nombre de “cántabro”. Mucho tiempo después, el emperador Teodosio llamará siempre a su abanderado “cantabrius”.
Merece destacar la aparición en Croacia, concretamente en la Panomia Inferior, de una lápida dedicada a una diosa conocida con el nombre de Cantabria, lo que hace pensar que eran soldados cántabros mercenarios en las guerras del Danubio los que divinizaron el nombre de su patria ya que en la lápida aparece un lábaro.
El Lábaro es la bandera histórica de Cantabria con más de dos mil años de existencia, cientos de veces victoriosa, adornada por el heroismo de nuestros antepasados.